Ya seis meses de permiso

Hace seis meses por primera vez “me di permiso” de expresarme como mujer en el mundo, esta foto es de entonces. A lo largo de este medio año ese ejercicio me ha transformado la vida. He tenido muchos cambios cosméticos: dejé de usar barba (después de 30 años de mantenerla), bajé notoriamente de peso, tengo ahora depilado el cuerpo, largas las uñas…

También he aprendido muchas cosas sobre técnicas de cuidado y belleza, ahora me puedo maquillar sola -aun se puede mejorar, pero puedo- , también he mejorado mi talento como fotógrafo y como modelo. Además he conocido un montón de personas fascinantes con historias alucinantes…

Todavía tengo muchos temores, inseguridades  y dudas sobre lo que implica ésto. Mi familia no lo sabe aún, pero cada día me parece más importante explicárselos. Estoy en proceso de conseguir actividades laborales en las cuales mis cambios no sean relevantes o, incluso, sean una ventaja en el trabajo; no es que abunden las oportunidades, pero existen o se pueden abrir. También temo por la violencia a la que puedo estar expuesta como persona transgénero, no me ha pasado nada, tengo confianza en que no me pase nada, pero no puedo ignorar que el peligro existe.

Sin embargo, lo realmente relevante de todo este proceso es que al quitarme la primera etiqueta que me pusieron al nacer, todas las demás empezaron a resbalarse de la maleta de mi vida. Ya no soy hombre (por lo menos no en la forma en que lo había sido hasta hace seis meses) y todo lo demás que se había podido decir de mí antes queda en cuestión, ya no estoy seguro si soy gordo o inteligente o torpe o tímido;  de hecho no sé si debo decir los adjetivos en masculino o en femenino…

A lo largo de estos meses he sentido que el piso bajo mis pies se hace arena y se lo lleva el viento, todo lo sólido sobre lo cual mi vida se había construido se desvanece. En los últimos días la sensación es aún más fuerte, siento como si estuviera en el espacio vacío, no hay arriba ni abajo, adelante ni atrás, no caigo, pero tampoco me muevo.

En el estado que me encuentro se combina el temor por lo desconocido, con la adrenalina que genera el jugarse la vida y con una profunda sensación de libertad. Al despojarme de las etiquetas me habían marcado toda la vida tengo la oportunidad de ser todo nuevo, de hacerme de nuevo. Es un sentimiento bello y poderoso, pero también asusta…